jueves, 7 de febrero de 2013

Triptófano, la llave de la felicidad

Obtenido de Omme Healthcom.


Desde los años 70, uno de los mayores desarrollos más importantes en la investigación en nutrición ha sido la demostración de que la función cerebral puede verse influida por la disponibilidad de varios nutrientes de la dieta. En primer lugar se demostró que la administración aguda de una mezcla de aa esenciales libre de triptófano (trp) producía una reducción del trp cerebral y los niveles de serotonina en ratas. Estos resultados abrían un activo campo de investigación.

Rol del trp en la regulación fisiológica de la biosíntesis de serotonina en el cerebro
El paso inicial en la biosíntesis de serotonina es la conversión del trp en 5-hidroxitriptófano, reacción catalizada por el enzima triptófano hidroxilasa. La actividad de este enzima se considera limitante en la síntesis de serotonina. Se sugiere que bajo condiciones fisiológicas normales la actividad del enzima no se satura en vivo por su sustrato. El grado de saturación del enzima y de este modo la tasa de hidroxilación del triptófano está relacionada con la concentración cerebral de trp. De este modo, la concentración de trp en el cerebro es el factor más importante en controlar la síntesis de serotonina. Como la concentración de trp cerebral está controlada por la disponibilidad periférica de este aa, la tasa de síntesis de serotonina depende de la concentración plasmática de trp.
En particular, la concentración de trp en el cerebro y, de este modo, la tasa de síntesis de serotonina depende de:
-         la concentración de trp libre en plasma (trp es el único aa presente en el plasma ligado a proteínas séricas).
-         La concentración de aa neutros largos, que comparten el mismo mecanismo de transporte desde la sangre hasta el cerebro con el trp.



Efecto bioquímico de dietas exentas de trp
La administración de la mezcla de aa esenciales sin trp en ratas produjo una fuerte caída en la concentración de trp sérico asociado con una disminución del aa en el cerebro, de la serotonina y del ácido 5-hidroxiindol acético (producto de la catabolización de la serotonina) en el cerebro de la rata.

Se observó el mismo efecto en respuesta a una dieta equilibrada en la que el trp fue eliminado o en respuesta a alimentos deficientes en este aa esencial.

En humanos, se utilizó la mezcla libre de trp para evaluar posibles cambios mentales. Se observó una disminución sustancial en trp plasmático (60% del valor inicial, 4 h después de la ingestión), que se relacionó con un alto nivel de ansiedad.
Se ha medido, igualmente, la síntesis in vivo en el cerebro humano de serotonina por medio de tomografía de emisión de positrones. Se observó que tras la ingesta de la mezcla de aa sin trp, la tasa de síntesis de serotonina disminuyó. La dieta libre de trp también produjo una declinación de trp en el líquido cerebroespinal y también de ácido hidroxiindolacético.

El rol del trp en la regulación de la transmisión central de la serotonina
Se ha sugerido que la tasa de liberación de serotonina varía en relación a su síntesis. Esa asunción se basa en estudios que reportan modificaciones en algunos índices de comportamiento relacionados con la función de la serotonina cuando las concentraciones plasmáticas y cerebrales de trp son alteradas en vivo.

En ratas, las investigaciones concluyen que una disminución en la concentración cerebral de trp reduce la síntesis de serotonina y subsiguientemente su liberación.

El mecanismo sugerido por el que la administración de una dieta libre de trp causa una reducción del trp plasmático y consecuentemente del trp cerebral y de la síntesis de serotonina es la síntesis proteica. Los aa administrados en la dieta inducen la síntesis proteica a nivel tisular. Durante la síntesis proteica, los tejidos deberían utilizar el trp extracelular endógeno, disminuyendo así su concentración.
Otro mecanismo que parece afectar en menor medida es la competencia del trp por el transporte en la barrera hematoencefálica con aa neutros.


Efectos en el comportamiento de la depleción del trp
La dieta libre de trp ofrece una vía no farmacológica para dsiminuir efectivamente la función cerebral de la serotonina.
Este método ha sido utilizado ampliamente para estudiar el rol de la serotonina en variedad de funciones fisiológicas y de comportamiento:

-         Selección de macronutrientes
Se ha observado que los animales son capaces de elegir una cantidad equilibrada de macronutrientes de forma espontánea. Esta observación sugiere la existencia de un posible mecanismo de control cerebral para la selección de alimentos. Es bien conocido que la dieta influye en la concentración de trp en el cerebro y así, en la concentración de serotonina. La ingestión de proteínas disminuye el trp y serotonina cerebral dado que los aa neutros compiten con el trp por el transporte a través de la barrera hematoencefálica. Inversamente, el consumo de glúcidos incrementa el trp y la serotonina en el cerebro dado que su ingesta induce un incremento en la insulina sanguínea, que a su vez incrementa la captación de aa ramificados  (leucina, isoleucina y valina) por el músculo, disminuyendo su concentración plasmática y su competición por el transporte en la barrera hematoencefálica.
Estas fluctuaciones de serotonina pueden controlar la ingesta relativa de proteínas y glúcidos. En la misma dirección, la administración aguda de la mezcla de aa esenciales libre de trp incrementa la selección de carbohidratos, mientras que una comida glucídica suplementada con trp aumenta marcadamente la selección proteica en animales de laboratorio.

En humanos, si toman una mezcla de aa libre de trp, disminuyen su elección en proteínas pero no en glúcidos, grasa o calorías totales. Esto sugiere que la serotonina puede estar involucrada en el control de la elección de macronutrientes también en humanos.

-         Sensibilidad al dolor
En animales de lab, el método de depleción de trp confirma los datos obtenidos utilizando antagonistas serotoninérgico: una reducción en la percepción del umbral del dolor. La administración aguda de mezcla de aa libre de trp así como la administración crónica  de alimentos deficientes en trp causa un incremento en la sensibilidad al dolor en animales de lab. Esto confirma que la serotonina está implicada en la sensibilidad al estímulo del dolor.

-         Agresividad
Se indujo un comportamiento asesino de ratones en ratas no asesinas y se facilitó en ratas asesinas manteniendo una dieta libre de trp durante 4-6 días. Ese comportamiento asesino se asoció con la reducción cerebral de serotonina y ácido 5-hidroxiindolacético. En monos, se ha observado un aumento de irritabilidad y agresividad  tras la administración de mezclas de aa libres de trp.
En humanos sanos, se observó un significativo aumento en la respuesta agresiva tras la administración de aa libre de trp. Estos resultados son consistentes con la hipótesis de que las neuronas serotoninérgicas cerebrales ejercen un control inhibitorio sobre el comportamiento agresivo.

-         Sueño
Aunque la duración total del sueño en ratas y humanos no cambia significativamente, la serotonina puede influir de algún modo en la regulación del sueño. En humanos disminuye el estadio 4 de latencia de sueño e incrementa el estadio 4 de sueño, con la administración de aa libre de trp.

-         Comportamiento sexual
Se ha demostrado que dietas libres en trp producen un incremento significativo de comportamiento sexual macho-macho en ratas y conejos. De igual modo, dietas deficientes en trp facilitan el comportamiento copulatorio de ratas macho y hembra.
Esos resultados muestran claramente que la serotonina juega un rol inhibitorio en el comportamiento sexual. Es interesante apreciar que alimentos deficientes en trp como el maíz pueden tener propiedades afrodisiacas.

-         Ánimo
La ingestión de la mezcla de aa libre de trp causa una rápida disminución en el ánimo de sujetos masculinos normales. Estos resultados también han sido observados en hombres sanos con una historia familiar multigeneracional de desórdenes afectivos graves.
Además, la ingesta aguda de aa libre de trp puede tener un efecto depresivo transitorio en pacientes deprimidos con fármacos.
En mujeres el efecto parece ser similar que en hombres, si bien las mujeres son más susceptibles al efecto depresivo inducido por la depleción de trp.

-         Memoria y aprendizaje
En humanos se ha observado un empeoramiento en la consolidación de la memoria en voluntarios sanos.


Depleción aguda de trp en problemas psiquiátricos
En mujeres con el síndrome premenstrual, la depleción de trp causa un aumento en la irritabilidad, ansiedad y sobrerreactividad. En pacientes bulímicos, la mezcla de aa libre de trp realza la disforia y la ansiedad.
Por otro lado, en otras patologías psiquiátricas en las que en sistema serotoninérgico parece ser importante no se han apreciado efectos tras la depleción aguda de trp, por ejemplo en desórdenes obsesivo-compulsivos, o pacientes con pánico. En este caso, otros sistemas de neurotransmisión deferentes al serotoninérgico están probablemente implicados.

Otros neurotransmisores pueden verse influidos  por la dieta (dopamina, noradrenalina y acetilcolina), manipulando sus precursores.
Dietas carentes de fenilalanina  o colina pueden usarse como herramienta para estudiar los efectos fisiológicos y de comportamiento producidos en sus respectivos neurotransmisores (1).

(1). Fadda F. Tryptophan-free diets: a physiological tool to study brain serotonin function. News Physiol Sci 2000; 15: 260-264.

Omme Healthcom, 2012.

Consumo de azúcar y depresión (2)

Información de Omme Healthcom.


Los antiguos simios de la tierra desarrollaron los receptores gustativos de lo dulce hace 35 millones. El sentido del gusto, y específicamente de lo dulce, evolucionó para  direccionar el consumo a sustancias  no tóxicas, para reconocer compuestos químicos y para incrementar el placer. Los edulcorantes naturales están presentes en 30 clases diferentes de plantas. Existen evidencias de la palma datilera en el sur de Mesopotamia hace 50.000 años, mientras que los datos sobre la caña de azúcar se remontan en Asia al año 8.000 antes de C. El azúcar no fue conocido generalmente en Europa Central hasta el siglo XVI. Ahora, el azúcar disfruta de una proporción sin precedentes de la dieta humana.
El estudio investiga preliminarmente la hipótesis que el consumo de azúcar puede tener un impacto en la prevalencia de la depresión mayor, correlacionando el consumo per cápita de azúcar con la prevalencia de depresión.
Para los 6 países con datos disponibles para el análisis primario, hubo una correlación altamente significativa entre el consumo de azúcar y los datos de anuales de depresión.
Naturalmente, una correlación puede deberse a  una variedad de factores, como sería una tercera variable no observada, no implicando necesariamente etiología.
Aunque especulativas, existen varias razones para considerar que el consumo de azúcar puede impactar directamente en la prevalencia de depresión mayor.

Se ha encontrado que la estimulación gustativa de la sacarosa aumenta significativamente los niveles de beta-endorfinas en ratas. Además, la administración de opioides se ha observado que aumenta la ingesta de azúcar, mientras que los antagonistas de los opioides causan una marcada reducción en la ingesta de azúcar. Por eso, parece que la ingestión de azúcar y la producción de opioides puede existir en un ciclo mutuamente reforzado. La posibilidad de que anormalidades en endorfinas pueden contribuir en la depresión ha sido investigado durante muchos años. También se ha propuesto una teoría sobre la depresión y las citokinas. Diversos estudios muestran que los apioides tienen efectos sobre las citokinas. También es de interés el creciente campo de trabajo que relaciona la depresión con el estrés oxidativo en humanos. Aunque la relación entre un elevado consumo de azúcar, elevado estrés oxidativo y depresión mayor es puramente especulativo, un estudio ha mostrado hiperglicemia persistente en ratas alimentadas con una dieta rica en sacarosa de larga duración. La hiperglicemia se  ha relacionado con elevada generación de especies reactivas del oxígeno e inhibición de glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa, que es marcadamente sensible a la inactivación por oxidantes y radicales libres (1).

(1). Westover AN, Marangell LB. A cross-national  relationship between sugar consumption  and major depression? Depression and Anxiety 2002; 16: 118-120.

Omme Healthcom, 2012.

Consumo de azúcar y depresión

Elaborado por Omme Healthcom.


Durante la década de los 80 se han acumulado evidencias que indican que los individuos con depresión pueden consumir una dieta que es diferente de los individuos no deprimidos. Individuos con desórdenes afectivos estacionales, síntomas premenstruales y con obesidad muestran deseos impulsivos por los carbohidratos cuando están deprimidos, que llevan a un incremento en el total de carbohidratos ingeridos con la dieta.
La comparación entre los alimentos ingeridos por individuos con depresión frente a individuos sanos, a partir de un recordatorio dietético de 3 días reveló que tanto los deprimidos como los no deprimidos consumieron cantidades similares de todos los nutrientes a excepción de proteínas y carbohidratos. El grupo de no deprimidos consumía más proteínas y el grupo de individuos con depresión consumía más carbohidratos. Ese mayor consumo de carbohidratos se deriva, principalmente, del mayor consumo de azúcar (sacarosa). Este incremento del consumo de carbohidratos es consistente con los deseos característicos de consumir carbohidratos por parte de los individuos con depresión, pudiendo estar relacionados con el desarrollo o el mantenimiento de la depresión. Los deprimidos consumen 98 g más de carbohidratos que los no deprimidos (1).

(1). Christensen L, Somers S. Comparison of nutrient intake among depressed and nondepressed individuals. Int J Eat Disord 1996; 20(1): 105-109.

Omme Healthcom, 2012.

Nutrición y comportamiento

Por gentileza de Omme Healthcom.


Una deficiencia dietética específica de AG W-3 durante el desarrollo determina unos cambios característicos en la composición de ácidos grasos del cerebro, que incluye una reducción de DHA y un incremento de 22:5 W-6. Una cuestión que todavía no ha sido resuelto es si 22:5 W-6 funciona como un sustituto funcional del DHA o si el DHA presenta funciones específicas.
Deficiencias crónicas en LNA (18:3, W-3) en animales, se ha asociado no sólo con cambios en la función visual y retinal, también con alteraciones de rendimiento en varios tests de aprendizaje y memoria.

Adaptado de 'Wainwright P. Nutrition and behaviour: the role of n-3 fatty acids in cognitive function. British Journal of Nutrition 2000; 83: 337-339'.

Omme Healthcom, 2012.

Plasmación de las necesidades nutricionales actuales

Temas de salud, gentileza de Omme Healthcom.

Nutrición y su evolución en el tiempo


Las necesidades nutricionales de los humanos actuales surgen a partir del proceso evolutivo de varios millones de años durante el cual los cambios genéticos reflejan las circunstancias vitales de nuestras especies antecesoras. Pero, desde la aparición de la agricultura 10.000 años atrás y especialmente, desde la revolución industrial, la adaptación genética ha sido incapaz de mantener el paso del progreso cultural. La selección natural ha producido sólo alteraciones menores durante los 10.000 años pasados, por lo que permanecemos casi idénticos a nuestros últimos ancestros del Paleolítico y su patrón nutricional continúa teniendo relevancia. La dieta pre-agricultural pueden ser considerada como un posible paradigma o estándar para la nutrición humana contemporánea. La ciencia de la nutrición se basa directamente en investigaciones epidemiológicas, bioquímicas y animales; el último árbitro en este campo puede ser sólo el laboratorio experimental y la investigación clínica. Esas aproximaciones pueden ser completadas, todavía, por una visión con perspectivas evolucionistas.

Necesidades energéticas
Los humanos del Paleolítico eran tan altos como los actuales. Los restos  de esqueletos muestran que desarrollaron una mayor masa magra. Las demandas físicas de la vida durante el período agrícola fue también fatigoso. Hasta la revolución industrial no se disoció la productividad del gasto calórico humano. Por ejemplo, la mecanización de granjas en Japón redujo la media de gasto en el trabajo por encima del 50%, mientras que la proliferación de artilugios laborales entre 1956 y 1990 en Bretaña redujo el gasto calórico en un sorprendente 65%.
La altura, robustez y la inevitable ‘fisicalidad’ de los humanos pre-agriculturales determinaba una ingesta calórica mayor que la de la mayoría de occidentales del s. XX.
Estudios recientes con cazadores-recolectores señalan que estos son delgados, con pliegues de grasa cutánea la mitad de gruesos que los de los comparables por edad en la actualidad.
Por lo tanto, nuestros remotos ancestros debieron haber existido en un ambiente de mayor energía caracterizado por un mayor gasto y una mayor ingesta  que en la actualidad. Además, la caza y plantas salvajes contienen menos grasa, más proteínas y más micronutrientes por unidad de peso que los alimentos típicos que encontramos en los supermercados hoy.
Como resultado, los altos requerimientos calóricos de los humanos del Paleolítico habrían necesitado una ingesta considerablemente superior de nutrientes y fibra a lo común hoy día.

Micronutrientes y fitoquímicos
Frutas, raíces, legumbres, frutos secos y otros no-cereales proporcionaban 65-70% de la media de la base de subsistencia. Eran consumidos en horas de recolección con un procesado mínimo y a menudo sin cocinar.  Esos alimentos y la caza se caracterizan por un alto contenido de vitaminas y minerales relativos a su energía disponible. Las autoridades sanitarias tradicionalmente recomiendan niveles de ingesta de nutrientes esenciales adecuados a las necesidades metabólicas conocidas. Sin embargo, asumiendo un patrón 65:35 planta:animal y 3000 kcal/día, parece ineludible que nuestros ancestros preagriculturales debían tener una ingesta de la mayoría de vitaminas y minerales por encima de las recomendaciones actuales, tanto en términos absolutos o en relación a la ingesta de energía.
El contenido de fitoquímicos no-nutrientes en alimentos vegetales salvajes es desconocido, sin embargo es plausible sospechar que su concentración puede ser relativamente alta, igual que la de los micronutrientes. El rol fisiológico de esas sustancias que son inhibidores de las proteasas, isocianatos orgánicos, compuestos organosulfurados, fenoles y flavonoides no ha sido establecido, pero su posible función como modificadores de la respuesta biológica y/o como compuestos quimioprotectores atraen continuamente la atención de las investigaciones.

Electrolitos
Los humanos pre-agriculturales consumían, según lo calculado 768 mg de Na, pero 10.500 mg de K al día (los americanos actuales 4000 mg Na, 75% añadido; 2500-3400 mg K).
Las potenciales implicaciones de la ingesta de electrolitos en el Paleolítico aparece aparentemente en el Intersalt Study (Intersalt Corporative Research Group, 1988) cuyos protagonistas incluidos son los Yanamamo y los Xingo amerindios y los Asaro de Nueva Guinea. Estos grupos son horticultores rudimentarios , que están relativamente aislados y sus alimentos, como los de los cazadores-recolectores, no tienen sal añadida. Su ratio Na/K es 0,13, similar a la calculada para los humanos preagricultores (0,07). Estas tribus estudiadas mostraron una menor presión sanguínea (102/62), ningún incremento de presión se produce con la edad y presentan una mínima prevalencia de hipertensión (0,6%).

Carbohidratos
La ingesta típica de H de C de los humanos ancestrales era similar en magnitud –45-50% de la energía diaria- a la de las naciones prósperas actuales, pero con una marcada diferencia cualitativa. Bajo la mayoría de circunstancias durante el final del paleolítico, la mayor parte de H de C se deriva de verduras y frutas, muy poco de cereales en grano y nada de harinas refinadas. Las actuales recomendaciones, que determinan un consumo humanos de 55% o más de su energía en forma de carbohidratos, es ligeramente alta comparada con las estimaciones de la experiencia evolucionaria humana, pero la diferente composición de los H de C involucrados probablemente presenta implicaciones más importantes. Sólo el 23% de los carbohidratos consumidos por los americanos está derivado de frutos y vegetales y para los europeos la proporción es aún menor. El corolario es que los humanos pre-agriculturales consumían aproximadamente tres veces los vegetales y frutos que la dieta occidental de hoy. Su dieta sería parecida a los veganos de hoy, cuyo consumo de vegetales, raíces, frutas y bayas es 2,6 veces la de un omnívoro equiparable y cuya ingesta de vitaminas antioxidantes es del 300%.
Muchos de los H de C consumidos en la actualidad son azúcares y endulzantes. Esos productos, junto con alimentos hechos con harinas refinadas proporcionan calorías vacías (energía sin aporte de aa esenciales, AG esenciales, micronutrientes y fitoquímicos).
Los cazadores-recolectores utilizaban muchos tipos de frutas y vegetales, a menudo por encima de 100 en cada localidad.
El índice glicémico de alimentos provenientes de plantas salvajes es, en general, menor que los alimentos derivados de la agricultura (patatas, pan, pasta, arroz,...). El efecto directo es que los carbohidratos de las fuentes actuales se digieren y absorben más rápidamente que en la antigüedad, factor de potencial relevancia en la etiología de, por ejemplo, la diabetes.

Grasa
Existe una opinión unánime de que la grasa saturada debería suponer menos del 10% de la E diaria, quizás 7-8%. Similar consenso existe sobre altas ingestas de colesterol (>500 mg/día) debe ser evitado y una ingesta de 300 mg o menos debe ser defendido. El objetivo sobre consumo de grasa debe estar entorno a 30-35%.
Los AG saturados proporcionaban cerca del 6% de la E a los humanos del Paleolítico. Su ingesta estimada de colesterol es de 480 mg, inevitable cuando la caza constituye una tercera parte de la base nutricional y su ingesta  total de grasa es proyectada hasta el 20-25% de la E total, intermedia entre la dieta tradicional japonesa (11%) y la mediterránea (37%).

PUFA

En países prósperos, los PUFA n-6 son aproximadamente 11 veces los n-3, pero el ratio en dietas vegetales es cercana al equilibrio, yendo de 4:1 a 1:1, un rango parecido al ratio de los primates libres. Muchas investigaciones se han centrado en los inuit de Groenlandia, con ratios n-6/n-3 de 1:40; sin embargo, su explotación extensiva de las fuentes marinas no concuerda con la observada paleoantropológicamente en los orígenes humanos en la sabana. La cadena alimenticia de la tierra proporciona ácido linoleico y linolénico de fuentes vegetales, así como sus derivados desaturados/elongados AA y EPA/DHA de tejidos animales. La prominencia de la caza en la dieta típica de los cazadores-recolectores produce altos niveles de AA, EPA y DHA en sus lípidos plasmáticos en relación a los encontrados en los occidentales.
AA es el precursor metabólico de poderosos eicosanoides como el tromboxano A2 y las cuatro series de leucotrienos. PUFA n-3, especialmente EPA y DHA, aparentemente modulan la biosíntesis de eicosanoides desde el AA, por lo que la formación de eicosanoides proagregativos y vasoconstrictores se reduce. Por ese efecto, parece que el ratio n-6/n-3 PUFA en la dieta, mejor que el aporte absoluto de PUFA n-3 es el factor decisivo. Además, los PUFA n-6 pueden actuar como promotores de la carcinogénesis, una propiedad aparentemente ausente de los PUFA n-3. Teniendo en cuenta esas consideraciones, muchos investigadores han defendido la vuelta al ratio n-6/n-3 de los ancestros humanos.

Proteínas
El consumo retrocalculado de proteínas por los humanos del Paleolítico, típicamente por encima del 30% de la E diaria, es difícil de conciliar con el actual 12% recomendado. La RDA es actualmente 0,8-1,6 g/kg/d, que contrasta con el 2,5-3,5 g/kg/d de la edad de piedra. El consumo observado de otros primates, como chimpancés, gorilas y otros es también mayor que la ingesta recomendada para humanos, yendo desde 1,6 hasta 5,9 g/kg/d. Sería paradójico si los humanos que durante la evolución añadieron la caza y las habilidades carroñeras a su más alta herencia primate, debería ahora de algún modo ser dañado como resultado de la ingesta de proteínas tolerada habitualmente o aún requerida por sus parientes próximos.
Estudios epidemiológicos han relacionado una alta ingesta de proteínas con cáncer, especialmente de mama y colon, pero la evidencia es inconsistente. Estudios de correlación entre países muestran que dietas altas en carne tienen una alta correlación con enfermedad coronaria aterosclerótica, pero esas dietas se presentan asociadas con altas ingestas de grasa saturada. Además, las dietas altas en carne en países industrializados tienden a estar restringidas en alimentos vegetales, especialmente frutas y verduras, que pueden incrementar la susceptibilidad al cáncer y aterosclerosis. De igual modo, la alta ingesta de proteína animal de los humanos pre-agriculturales, generalmente ocurren en un contexto nutricional bajo en grasa y de un consumo elevado de fruta y verdura. En esas circunstancias una dieta alta en proteínas puede en realidad aumentar el colesterol HDL, mientras que bajaría el colesterol total y los TG, de ese modo reduciendo el riesgo cardiovascular.
Una alta ingesta de proteínas purificadas y aisladas incrementa la excreción urinaria de calcio. En dietas naturales altas en proteínas también se incrementa el P, aumentando el riesgo de osteoporosis. Los humanos del Paleolítico desarrollaban un elevado pico de masa ósea, probablemente reflejando sus niveles habituales de actividad física junto con un amplio consumo de calcio. Parecían experimentar menor pérdida ósea que los subsecuentes agriculturistas con dieta baja en proteínas.
Las dietas altas en proteínas deberían empeorar el curso de la insuficiencia renal crónica. Sin embargo, las causas más prominentes de la enfermedad renal, diabetes e hipertensión, son raras entre los ‘forrajeros’.

Fibra
El análisis de los vegetales consumidos de los cazadores-recolectores estudiados y la evaluación de los restos coprolíticos de los nativos americanos arcaicos sugieren  que la ingesta  de fibra pre-agricultura excedía los 100 g/día. Los chinos rurales consumen 77 g y los africanos rurales de 60 a 120 g/día. Chimpancés y otros primates superiores obtienen más de 200 g de fibra al día de su alimentación diaria. En contraste, la ingesta de fibra de los adultos americanos  está, generalmente, por debajo de los 20 g/día, quedando las recomendaciones actuales en 20-30 g/día.
Dado que la fibra consumida en el Paleolítico provenía principalmente de frutas, raíces, legumbres, frutos secos y otras fuentes vegetales no-cereales su contenido en ácido fítico debió ser menor que el consumido actualmente en las naciones industrializadas, que proviene principalmente del grano.
Por la misma razón, la proporción de fibra soluble fermentable relativa a la insoluble debió ser mucho mayor para los humanos pre-agriculturales que para los actuales. Existe una pequeña evidencia sobre las dietas que contienen por encima de 50 g de fibra tienen un efecto negativo sobre la absorción, aunque sea predominantemente trigo, con su alto contenido en ácido fítico. Los restos óseos de los humanos pre-agriculturales sugieren que su absorción de minerales era adecuada, aún cuando su ingesta  de fibra excedía la estudiada por los nutricionistas. La alta proporción de fibra soluble en la edad de piedra debió afectar favorablemente al metabolismo lipídico.

Omme Healthcom, 2012