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Los
antiguos simios de la tierra desarrollaron los receptores gustativos de lo
dulce hace 35 millones. El sentido del gusto, y específicamente de lo dulce,
evolucionó para direccionar el consumo
a sustancias no tóxicas, para reconocer
compuestos químicos y para incrementar el placer. Los edulcorantes naturales están
presentes en 30 clases diferentes de plantas. Existen evidencias de la palma
datilera en el sur de Mesopotamia hace 50.000 años, mientras que los datos
sobre la caña de azúcar se remontan en Asia al año 8.000 antes de C. El azúcar
no fue conocido generalmente en Europa Central hasta el siglo XVI. Ahora, el
azúcar disfruta de una proporción sin precedentes de la dieta humana.
El
estudio investiga preliminarmente la hipótesis que el consumo de azúcar puede
tener un impacto en la prevalencia de la depresión mayor, correlacionando el
consumo per cápita de azúcar con la prevalencia de depresión.
Para
los 6 países con datos disponibles para el análisis primario, hubo una
correlación altamente significativa entre el consumo de azúcar y los datos de
anuales de depresión.
Naturalmente,
una correlación puede deberse a una
variedad de factores, como sería una tercera variable no observada, no
implicando necesariamente etiología.
Aunque
especulativas, existen varias razones para considerar que el consumo de azúcar
puede impactar directamente en la prevalencia de depresión mayor.
Se
ha encontrado que la estimulación gustativa de la sacarosa aumenta
significativamente los niveles de beta-endorfinas en ratas. Además, la
administración de opioides se ha observado que aumenta la ingesta de azúcar,
mientras que los antagonistas de los opioides causan una marcada reducción en
la ingesta de azúcar. Por eso, parece que la ingestión de azúcar y la
producción de opioides puede existir en un ciclo mutuamente reforzado. La posibilidad
de que anormalidades en endorfinas pueden contribuir en la depresión ha sido
investigado durante muchos años. También se ha propuesto una teoría sobre la
depresión y las citokinas. Diversos estudios muestran que los apioides tienen
efectos sobre las citokinas. También es de interés el creciente campo de
trabajo que relaciona la depresión con el estrés oxidativo en humanos. Aunque
la relación entre un elevado consumo de azúcar, elevado estrés oxidativo y
depresión mayor es puramente especulativo, un estudio ha mostrado hiperglicemia
persistente en ratas alimentadas con una dieta rica en sacarosa de larga
duración. La hiperglicemia se ha
relacionado con elevada generación de especies reactivas del oxígeno e inhibición
de glucosa-6-fosfato-deshidrogenasa, que es marcadamente sensible a la
inactivación por oxidantes y radicales libres (1).
(1). Westover AN, Marangell LB. A cross-national relationship between sugar consumption and major depression? Depression and Anxiety 2002; 16: 118-120.
Omme Healthcom, 2012.
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